Depresión: del silencio a la esperanza
- M. Cristina Haggar

- Jun 28, 2024
- 3 min read
Updated: Sep 3

¿Te ha pasado que te cuentan que un cercano, conocido o amigo tiene depresión y tú lo recuerdas y dices “¡pero cómo si la última vez que lo vi estaba bien, estaba contento, no lo vi mal!”.
Así es la depresión.
Muchas veces los síntomas depresivos se van desarrollando de manera silenciosa y la persona no reconoce muy bien lo que le está pasando a su mente, cuerpo y
emociones. Algunas personas se empiezan a sentir fatigadas, sin energías, les cuesta levantarse en las mañanas y generalmente la angustia se acentúa al comienzo y al término del día.
Otras, se sienten muy irritables con el mundo, no toleran momentos o conversaciones difíciles, se enojan fácilmente, y luego explotan como un volcán en erupción con mucha rabia, a veces ira y luego cuando llega la calma aparece la culpa por transgredir a los que más quieren.
Hay otras personas que no logran disfrutar de lo que antes sí disfrutaban, de su deporte favorito, de sus lugares placenteros, de estar con personas y compartir junto a otros.
En algunas personas se empieza a alterar la memoria, la capacidad de atención y concentración por lo que les es muy difícil desempeñarse como antes en sus labores diarias, rendir y lograr sus objetivos por lo que se frustran, se desilusionan de ellos mismos y comienzan a tratarse como incompetentes o inútiles.
En otros aparece con mayor fuerza la ansiedad desregulada, pensamientos negativos, del pasado y del futuro, empiezan a comer más (o menos), les cuesta quedarse dormidos, duermen mal o se despiertan antes, tienen pesadillas, dolores de cabeza y un constante “dolor” en el pecho o estómago que muchas veces se trata de angustia…
Otras personas sienten mucha tristeza, sentimientos de soledad y vacío, aparece el llanto descontrolado y una sensación de no poder salir de ese estado nunca más, llegando incluso a sentir desesperanza y pensamientos de querer morir.
Todo esto, puede sentir una persona que está desarrollando o ha desarrollado un trastorno del ánimo como la depresión. Y muchas veces no saben qué hacer con esto que está cambiando en su interior, y tratan de “disimular” y seguir con sus vidas como si nada de esto estuviese ocurriendo…
¿Por qué? Muchos por tener cierta dificultad en conectar con sus emociones y querer negar
directamente que les está pasando algo. Otros por miedo o vergüenza a reconocer que se sienten mal o distintos.
Por otro lado, están los que no se atreven a hablar con sus papás, parejas o familia para contarles lo que les está ocurriendo.
Y otros simplemente por no querer ser un “cacho” o problema para su entorno, tienden a querer a “cuidar” o “proteger” a sus seres queridos y eligen cargar con todo esto de manera silenciosa.
Y es por esta razón que todos los que los rodean no logran pesquisar señales de que algo anda mal, ya que ven al otro “normal”, trabajando o estudiando como siempre y no le prestan atención a ciertos índices que la intuición capta, pero que la realidad muestra otra cosa: ver a esa persona “seguir viviendo como siempre”.
Es en este punto, en donde la persona que está triste o abatida empieza a sentir con mayor fuerza el sentimiento de soledad, de frustración, de sentir que nadie los entiende y de que todos pueden disfrutar la vida menos ellos. Y como “hacer como si nada pasara” no es sostenible en el tiempo y no dura para siempre, poco a poco, en esa persona comienza a disminuir la esperanza, su brillo se empieza a opacar y en algún momento se puede apagar su luz y las ganas de vivir.

Aquí se puede sentir que ya es tarde y que no hay salida para volver a ser feliz. Pero NO. NUNCA ES TARDE para salir adelante; pedir ayuda a un profesional, contactarnos con nuestros seres queridos (amigos, familiares) y buscar contención en otros.
Nunca es tarde para conectarnos con nuestra vulnerabilidad y el coraje de decir “no puedo más solo”.
Te quiero contar que SÍ puedes sanarte. Puedes volver a sentir energía, tolerancia, disfrute y
tranquilidad. Quiero que sepas que acompañado puedes encontrar contención, sentirte más
aliviado y encontrar la paz y la calma que tanto necesitas.
Y por último, si eres de los que están en la otra vereda y en algún momento te das cuenta que una persona importante para ti está “distinto”, más triste, desanimado y/o muestra algunas de los síntomas planteados, intenta no caer en la culpa y desesperación, porque también te quiero contar a ti que NUNCA ES TARDE para ayudar a una persona que tiene o está desarrollando una depresión. Nunca es tarde para acercarse, tender una mano, una oreja, ofrecer apoyo y compañía para ayudarlo a salir adelante.
María Cristina Haggar B., Psicóloga Clínica.




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