Trauma: heridas que podemos sanar
- M. Cristina Haggar

- Jun 5, 2024
- 2 min read
Updated: Sep 3
TRAUMA. Una palabra potente, que transmite dolor, sufrimiento y desesperanza... Y así lo es.
Un trauma es una herida grande y/o muchas heridas chiquititas que hemos ido
repitiendo o acumulando a lo largo de nuestra historia y que sin darnos cuenta se convirtieron en un trauma.
Muchas veces es así de literal y “no nos damos cuenta” que vivimos experiencias traumáticas porque nuestra mente y cerebro, para que podamos sobrevivir y seguir funcionando como seres humanos, ocupa mecanismos que nos protegen y nos permiten continuar con nuestra vida, dejando esas heridas encapsuladas en alguna parte de nuestro inconsciente.
Y es en estos casos entonces, cuando en el presente, de un momento a otro, podrían comenzar a manifestarse síntomas físicos o emocionales que podrían tener que ver con esas heridas, muchas veces llevándonos a limitarnos en áreas que para nosotros son tremendamente significativas, como por ejemplo: en las relaciones de pareja, en el contacto con ciertos animales o cuando te subes a un avión, en situaciones sociales o laborales, en fin, esta herida puede hacerse presente en cualquier aspecto de nuestras vidas.
Así también, hay otras personas que recuerdan lo vivido, sin embargo, por temor, vergüenza,
amenazas o simplemente por no tener la capacidad cognitiva para relatar los hechos (en el caso de los menores de edad o personas con discapacidad) callan… y llevan en silencio esta herida que les duele y pesa por largos días, meses, años, incluso décadas o toda su vida. Y a pesar de que pase el tiempo y el dolor y sufrimiento aumente, no saben qué hacer, ni qué decir, ni a quién recurrir. Estos casos se relacionan bastante con abusos sexuales, maltratos físicos y/o psicológicos, abusos de poder, bullying, entre otros.
En otros casos, estas experiencias traumáticas son vividas con conciencia plena y hay personas que son capaces de hablar sobre lo que les ocurrió de manera rápida. Estos casos se podrían relacionar mucho con traumas generados por muertes abruptas de un ser querido, accidentes, portonazos, asaltos, terremotos, incendios, entre otros.
En todas sus formas, los síntomas o manifestaciones que podemos empezar a ver en otros o en nosotros mismos relacionados a un trauma son: insomnio, pesadillas, flashbacks, ansiedad, irritabilidad, angustia, estado de hipervigilancia, atención y concentración alterada, confusión, culpa, dolores físicos, sistema inmunológico debilitado, etc.
Ante todo lo que acabo de plantear, sólo te puedo decir que no estás sol@ y que SÍ existen espacios de sanación en donde esas heridas se pueden mirar acompañado de un otro, disminuyendo tu sufrimiento y aumentando tus esperanzas de vivir la vida que tú quieres vivir, desde un lado más amable contigo mism@, más autocompasivo e incluso en algunos casos, llegando a descubrir nuevos aprendizajes de vida producto de todo lo vivido.
María Cristina Haggar B., Psicóloga Clínica.




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